Él mismo, según ha explicado, ha
matado con sus propias manos unos cuantos corderos, para saber como
chillan antes de morir y como es el último momento de la vida. Lo
llama "la Pasión" pero los que no pertenecemos a sectas regresivas,
ni practicamos una fe pre-conciliar ( que hasta niega los avances de
la Iglesia en los últimos doscientos años), ni tenemos padres que
aseguran que el Holocausto no existió nunca ( "sabe lo que cuesta
incinerar un cadáver? Hace falta un litro de nafta y 20 minutos. Los
alemanes no mataron seis millones. No tenían tanto gas.
Sencillamente se fueron todos al Bronx, a Brooklyn y a Sydney",
Hutson Gibson), aquellos pues que creemos en la comprensión
inter-religiosa y no en la confrontación, que no consideramos The
New York Times y el The Angeles Times como diarios
anticristianos ( tildados así por Gibson, despues de que le hubieran
criticado el film) y en definitiva, los que piensan que Gibson es un
fanático obsesionado y enfermizono llamamos pasión a la
muerte. Como tampoco no llamamos historia al prejuicio,
ni fe a la intolerancia.Lo primero pues que me
atrevo a decir de la película que está inundando los sectores mas
ultramontanos de la Iglesia americana ( no hay más que ver que un
Multiplex de Dallas ha reservado las 20 salas del film) y que
promete un resurgimiento de los instintos más fanáticos, es que no
podemos tomarlo a broma. Mel Gibson no hace mucha cosa más que lo
que han hecho a lo largo de los siglos, los promotores del odio y la
confrontación, pero lo hace con la fuerza de su carisma estelar, el
poder de Hollywood y una campaña de marketing que para ellos
hubieran querido los artífices de la Inquisición.
Abraham Forman, presidente de la Antidifamation League, ha
recordado que habrá más gente que verá este film en tres meses, de
la que siguió La Pasión durante siglos en Europa. No estamos
pues ante un film más, ni ante un acontecimiento inofensivo e
irrelevante. Estamos ante una campaña de propaganda intolerante, la
manipulación histórica de la cual es tan perversa como perversa es
la finalidad que la inspira: aumentar la fe de la gente, no a través
de la experiencia espiritual y la bondad, sino a través de la
confrontación, el gusto por la sangre y la cultura de la muerte.
Gibson no es un creyente. Gibson es un ideólogo fascista que
usa, manipula y abusa de Dios.
Primero, el antisemitismo. No entraré en la aberración
histórica del film, si bien la cantidad de entendidos católicos que
la han denunciado es notable. Lejos del documento Nostra aetate
del Concilio Vaticano II de 1995, en el que se repudiaba con
contundencia la acusación de "pueblo deicida" que había justificado
durante siglos las persecuciones y las matanzas de judíos, Gibson
vuelve a los planteamientos medievales, y así dibuja masas de judíos
enloquecidos que gritan que se mate a Jesús, cuando todos los
expertos dicen lo contrario: "Jesús fue encarcelado de escondidas,
justamente porque era muy popular" asegura la experta en textos
bíblicos Paula Fredriksen de Boston.
Incluso la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha
repudiado la imagen vacilante y timorata de Pilatos, que se le
muestra casi como servidor de la causa judía. Sin embargo todos los
historiadores de la época, hablan de Pilatos sanguinario y cruel y
es suficiente un solo dato histórico: durante la ocupación se
llegaron a crucificar cerca de 300.000 judíos.
La escena en que Magdalena intensa salvar a Jesús, finalmente
capturado por el sanedrín, es literalmente una invención que no
existe en ningún Evangelio. "Nunca hubo muchos judíos gritando -
dice la experta María Roy - . Solo los romanos crucificaban y lo
hacían masivamente contra los judíos". Y Jesús lo era de judío.....
Estamos ante un simple hecho de manipulación histórica, como
tantos otros hay en la ficción?. Lo estaríamos si el concepto
deicida no hubiera perseguido, torturado y matado a todo un
pueblo durante siglos. Lo estaríamos si no hubiera llegado nunca la
estación final del horror: Auschwitz. Lo estaríamos si, a través de
la fe fanatizada no se hubiera manipulado la sociedad, ni se
hubiera alimentado la intolerancia. Lo estaríamos si la historia de
persecuciones en nombre de Dios, no hubiera sido la tragedia que ha
sido. Sin duda, y teniendo en cuenta el enorme poder que comporta,
el film es la mentira antisemita más importante desde los panfletos
de Goebbels. Igualmente poderosa, igualmente nociva.
Segundo, la fe. Incluso sustrayéndonos a la cuestión
antisemita, el film rinde homenaje a lo peor que puede tener la
figura de Jesús, obviando todas las cuestiones vinculadas a la nueva
cultura que representó. Como no podía ser de otra manera, de la mano
de un personaje retrógrado, vinculado a los sectores más
ultraderechistas americanos, Gibson no se interesa por los ideales
de libertad que Jesús representó, ni por sus ideas de justicia,
confrontadas al despótico imperio opresor, bajo el cual estaba su
pueblo. No le interesan los derechos que plantea, ni el respeto por
el ser humano, ni las mejoras sociales como necesidad moral. Solo le
interesa, la sangre, el sufrimiento, la locura, la muerte. En línea
con los sectores religiosos que castigan el placer y aman el dolor,
que desprecian la vida y adoran la muerte, que obvian la justicia
terrenal y solo se interesan por el castigo, la condena y el
sacrificio, Mel Gibson hace eso: una apología de la cultura de la
muerte. El Jesús que muere le interesa más que el Jesús que vivió.
Estoy segura que algunos sectores del integrismo islámico aplaudirán
la película.
Malos presagios. Tiempos de fanatismos que vuelven, de
intolerancias resurgidas, de Dioses despóticos, de pueblos
condenados, de retorno a la inteligencia de las cavernas. Malos
tiempos para la razón. Malos tiempos para entender las grandes,
pesadas y dramáticas lecciones de la historia.